
Vivir en Polonia como venezolana obliga a ver dos historias que, a primera vista, parecen muy distintas, pero que en el fondo hablan de lo mismo, cómo una sociedad enfrenta su pasado colectivo para intentar construir un futuro incierto. Y en ese diálogo entre experiencias surge una pregunta esencial,
¿Qué significa sanar una historia marcada por violencia, exclusiones y heridas que no se cierran solo con decretos?
La lustración polaca, mirar atrás para poder caminar adelante
Después de la caída del comunismo, Polonia se enfrentó a una crisis menos visible pero igual de profunda, la necesidad de confrontar su pasado autoritario y la complicidad de muchos con el antiguo régimen. Esa necesidad se tradujo en un proceso conocido como lustración (un término que viene del latín lustratio, que significa purificación o limpieza ritual) y que buscaba revelar vínculos de funcionarios y figuras públicas con los servicios secretos del comunismo (SB) y limitar su acceso a cargos públicos importantes.
El objetivo no era solo castigar, sino restablecer confianza en las instituciones, en un Estado donde décadas de represión habían corroído la credibilidad del sistema político. La lustración – aunque polémica y con resultados mixtos- fue un intento de hacer visible lo invisible, de nombrar lo que muchos preferirían olvidar, y de separar, aunque imperfectamente, a quienes colaboraron con el aparato represivo y quienes no.
Sin embargo, el proceso no fue sencillo ni pacífico. La apertura de archivos y la discusión pública sobre la colaboración con el régimen comunista no produjo una sociedad unánime, sino más bien debates intensos sobre responsabilidad, memoria y justicia.
Polonia enfrentó su pasado en público, con archivos, tribunales y discusiones que hicieron visible lo que había estado escondido. Este no es un mecanismo perfecto – ni lo fue en su aplicación – pero fue un intento de no permitir que el pasado siguiera siendo una sombra sin nombre.
Venezuela: la amnistía en tiempos de incertidumbre
La experiencia venezolana, por su parte, ha seguido otro camino. En 2026 se propuso una ley de amnistía que busca beneficiar a presos políticos, exiliados y perseguidos políticos entre otros sectores desde 1999 en adelante. Esta iniciativa surge en un momento en el cual el país aún está en un proceso de crisis prolongada, no ha habido un consenso amplio sobre qué fue lo que pasó, ni un relato común de la violencia política, ni una verdad compartida sobre las responsabilidades de los distintos actores.
La amnistía, entendida principalmente como perdón legal o inmunidad, tiende a mirar hacia adelante sin necesariamente haber resuelto los asuntos pendientes del pasado. Es un acto de política – y a veces de estrategia- que intenta crear espacio para un nuevo comienzo, pero que corre el riesgo de ocultar, en vez de confrontar, las heridas profundas de una sociedad fracturada.
Dos caminos, un mismo desafío: memoria vs. olvido
¿Qué puede observar Venezuela desde la experiencia polaca?
- La importancia de visibilizar antes que de olvidar:
La lustración buscó exponer públicamente enlaces y colaboraciones con un régimen pasado, en lugar de simplemente perdonar sin saber quién hizo qué. Poner luz sobre hechos pasados, por doloroso que sea, construye una base más sólida para la confianza social. - La palabra “amnistía” no es garantía de reconciliación:
Dar amnistía sin un proceso de reconocimiento de responsabilidades puede dejar una sensación de impunidad y de memoria fragmentada. La justicia transicional no es sólo jurídica, es también narrativa, social y simbólica. - La memoria es más que historia oficial:
En Polonia, la discusión sobre archivos, testimonios y colaboración con el régimen antiguo generó debates políticos y culturales. No siempre resolvieron todas las tensiones, pero sí obligaron a pensar el pasado como parte del presente. - El pasado que no se nombra tiende a regresar:
La lustración polaca muestra que el silencio no sana; la negación no elimina la responsabilidad. Sp colocar la memoria como un elemento central del proceso, se corre el riesgo de que el pasado siga operando como un factor oculto, pero activo, en la política y en la vida social.
¿Qué debería significar la ley de amnistía para Venezuela hoy?
Más allá de un gesto legal, una verdadera transitoriedad exige mirar el pasado de frente, con mecanismos que permitan:
- verdad y reconocimiento de hechos,
- responsabilidad compartida,
- procesos de escucha y reparación,
- y no únicamente perdón jurídico sin discusión social profunda.
Amnistía sin memoria puede ser una forma de enterrar las heridas bajo la alfombra. Lustración sin justicia puede ser purificación superficial. Ninguno de los dos caminos garantiza por sí solo la paz social, pero lo que ambos muestran es que no enfrentar el pasado deja cicatrices abiertas, no cerradas.
Una última reflexión
Venezuela y Polonia nos enseñan que no es suficiente con declarar un nuevo comienzo. Es necesario construir una narrativa sostenible, que reconozca los dolores, las responsabilidades y los compromisos comunes.
Solo así será posible transformar el pasado en un punto de partida honesto, y no en una sombra persistente sobre el futuro. Quieres saber de que trató la Lustración polaca, te invito a leer
¿Qué fue realmente la lustración polaca?

Escrito por dr. Silvana Gómez Mercado, abogado, profesora de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, y fundadora de Centro Latino. Para más artículos sobre memoria histórica, justicia y reconciliación, visita silvanagomez.com.