El derecho penal moderno nació con la promesa de igualdad: todos los hombres, incluso el criminal, son ciudadanos ante la ley. Esa fue la gran ruptura con el derecho antiguo, donde el enemigo quedaba fuera de la comunidad política y podía ser eliminado sin más trámite. Desde el liberalismo ilustrado, el delincuente era un ciudadano…